Salida de Murcia y llegada al monasterio

El viernes al medio día, tras salir de trabajar, cogí camino de Madrid, allí me esperaban mis buenos amigos, Carmen y Federico. Hacía tiempo que no los veía y con la escusa de que subía a Burgos, me dejé caer por Madrid. También aproveché el viaje para conocer a Jorge y Cristina. Cristina es la pareja de Jorge, al cual conocí hace muy poco vía e-mail, estaba interesado en comprarme mi Nikon D200 y yo en venderla, en principio el plan era que él bajara a Murcia a ver la cámara y a probarla, pero ya que yo subía y que iba a pasar por Madrid a ver a Carmen y Fico pues me llevé la D200 y quedé también con Jorge.

Quedamos todos en un bar, cercano a la oficina de Carmen y Fico, una vez allí decidimos salir a tomar algo, de paso Jorge por la calle podría probar la D200 y así decidir si se la quedaba. Estuvimos en Atocha, en los alrededores de Reina Sofía, donde tomamos unas cervezas y después nos decidimos a ir a cenar a un bar llamado Económico, que hace honor a su nombre, cenamos unos fideos chinos, unas verduras y una parrillada de carne con salsa de soja. Nos reímos mucho y así tuvimos la oportunidad de conocer más a fondo a Jorge y Cristina, cosa que nos gustó mucho, pues se nos quedó muy buen sabor de boca. Aquí os pongo una foto de cuando estábamos en el bar:

Haciendo nuevos amigos

Tras cenar y una larga conversación por las calles de Madrid llegamos a casa de Federico donde me quedé a dormir.

El sábado por la mañana me dispuse a salir para Burgos, tempranito a las 7:00. Llegué a Burgos, aparqué en el parking de Catedral / Plaza Vega, y me dispuse a visitar la catedral de Burgos, impresionante construcción a las orillas del río Arlazón. Me entretuve haciendo alguna fotografía desde el puente que cruza el río a la catedral y aprovechando que era temprano, compré una entrada para la catedral y entré a verla. Ya había estado ahí antes, pero apenas la recordaba. La parte principal de la catedral y sus capillas se estructuraba de la misma forma que casi todas, pero lo que más me gustó fue la zona museo donde podías ver todo tipo de antigüedades relacionadas con la catedral e incluso un vídeo explicativo de la construcción de la catedral, donde podías ver como fue construida poco a poco.

Tras ver la catedral y los alrededores de la misma, me fui al coche y cogí camino del Monasterio de San Pedro de Cardeña, está muy cerca y fue muy fácil llegar pues habían indicaciones desde el mismo centro de Burgos. Fui por la carretera BU-802 que va por un lateral del río Arlazón, pasando por el camping Fuentes Blancas y por al lado de la cartuja de Miraflores, en Cardeñajimeno continué por la BU-800 hasta llegar al monasterio.

Ver mapa

Resulta que cuando el Cid fue desterrado por Alfonso VI, el cual era su segundo destierro, el Cid dejó a Jimena y sus hijas en este monasterio, San Pedro de Cardeña, y fue su voluntad que cuando él muriera, sus restos se trasladaran a este monasterio, junto a los de Jimena. Delante del monasterio se encuentra una escultura del sagrado corazón, la cual fue construida justo encima de donde descansan los restos de Babieca, el imperioso y bravo caballo de Don Rodrigo Díaz de Vivar, alias el Cid Campeador.

Monasterio de San Pedro de Cardeña

Al llegar, aparqué en la puerta del Monasterio y entré por la puerta principal buscando con quien hablar para confirmar la reserva y entrar a la habitación, me encontré con un monje “el hermano portero”. Era un hombre de mediana edad, corpulento de alrededor de 170 o 175 cm, pelo blanco, con apacible y amistosa voz. Lucia una túnica blanca, más bien beige, con otra especie de túnica que tan solo lleva un agujero por donde meter la cabeza (no se como se llama dicha prenda), esta prenda llevaba también un gorro para cubrir la cabeza, esta prenda de color marrón oscuro aportaba una franja de dicho color a la túnica blanca, ambas prendas se ataban a la cintura por medio de un cordón. Le comenté que venía a pasar unos días en la hospedería y me invitó a coger el equipaje del coche y pasar a una sala de espera mientras él llamaba al encargado.

La sala de espera tendría unos 4m de largo por unos 2,5m de ancho, en el centro había una mesa baja con unos folletos del monasterio. Unas sillas de madera rodeaban toda la sala, el reposadero estaba tapizado en rojo, en el lateral más alejado de la puerta había un sillón doble con el respaldo con el mismo tapizado, en rojo. Llevaba una bolsa con la ropa, una mochila con mi cámara y la bolsa del portátil, mientras esperaba al “hermano hospedero”, me fijaba en los detalles de la habitación, la ventana, los techos, las paredes y el suelo. Todo estaba bien, la ventana era de madera, un poco antigua, pero en buen estado, las paredes y los techos estaban pintados de blanco y habían colgando de las paredes cuadros con motivos religiosos. Pasaron unos 2 minutos y empecé a darme cuenta de lo incomodo que era aquel sillón doble en el que me senté, no sabía porque, pues no debería ser así. Fue entonces cuando me dí cuenta de que todavía llevaba la mochila puesta, y era por ello por lo que estaba incomodo. No quería perder detalle desde el primer momento, quería fijarme en todo, pero sin embargo olvidé que llevaba la mochila puesta. Una vez quitada, el sillón era mucho más cómodo.

El hermano hospedero no tardó mucho en llegar, al abrir la puerta se asomó y me dijo “Javier, supongo”. Por su voz intuí que fue él el que me atendió por teléfono. Cuando llamé para reservar, unos días antes, fui lo más cordial posible y tras explicar por que llamaba, el hermano hospedero me dijo: “eres  Murcia, verdad?”. En muy poco tiempo y aunque yo intenté pronunciar todas las palabras con sus “eses” y sin acelerarme, él se dio cuenta de que era murciano, me llamó la atención su capacidad observadora. Me levanté del sillón y le dije: “Efectivamente!”. Salimos de la sala de espera y pasamos a una de las galerías que daban al patio interior, al claustro. Dichas galerías recibían el nombre de “Panda” en la edad media, eran pasillos que rodeaban al claustro y que se comunicaban con él a través de unos arcos que descansaban en una columna o en dobles columnas. En dicha galería habían unos cuadros en la pared que escenificaban momentos de la vida del Cid Campeador. En concreto escenas donde el Cid se despedía de Jimena y de sus hijas, y también el entierro de Don Rodrigo. En última posición en el pasillo se encontraba una foto en blanco y negro del monasterio y un monje que camina y está de espaldas a la cámara, esa foto me encanto.

Panda oeste

Foto monasterio

Al final de la panda doblamos a la izquierda y cual fue mi sorpresa cuando me dí cuenta de que no tenía salida, en su lugar lo que había era un ascensor. “Una cosa que esté bien!”, los monasterios son antiguos, la iglesia no invierte dinero en sus construcciones, los monjes no son ostentosos, pero … que coño!! tienen que acomodarse a los tiempos que corren y un ascensor es vital para una hospedería. Los techos son altísimos en el monasterio y el mismo tenía dos plantas, aparte de un entresuelo, así que serían muchas las escaleras a subir si no hubiera un ascensor. Al principio dije, “coñe con los monjes!”, pero acto seguido, dije “y por que no?!?!”.
Entramos al ascensor y pude observar que el ascensor tenía botones para la planta baja, para la primera planta y para la segunda, sin embargo el botón del entresuelo no estaba, en su lugar había una ranura para insertar una llave, lo cual me dio a entender que el entresuelo sería un lugar reservado para los monjes. Mi habitación estaba en la primera planta. Al salir doblamos a la izquierda para caminar por la “panda” sur, hasta la primera puerta a la derecha donde se encontraba el pasillo de las habitaciones y acto seguido encontrábamos mi habitación. En la puerta había una ranura para insertar un papel con el nombre de la habitación, en este caso ponía “Javier”, el hermano hospedero me abrió la habitación, donde dejé mis cosas. Fue entonces cuando el hermano hospedero me preguntó si me interesaban las oraciones. En la mesa que había en la habitación había un libro gordo, otro mucho más fino y un folio con el horario del monasterio. A la pregunta respondí: “en principio no me interesan las oraciones”, entonces el hermano hospedero me enseñó el horario y me dijo entonces, de este horario, tan solo te interesa la hora de apertura del monasterio, la hora del desayuno, la comida, la cena y la hora de cierre de puertas, lo demás son oraciones. Fue entonces cuando yo le dije: “Bien, en principio no me interesan las oraciones, pero no puedo decir que no a algo que nunca he visto, así que, si no te importa, podrías explicármelo”. Entonces el hermano hospedero me explico que todas las horas señaladas en el horario que no eran las ya mencionadas, eran las horas a las que ellos se reunían para rezar, Vigilias, Sextas, Nonas, Visperas, Completas, … entonces cogió el libro grande y me indicó como buscar en él las oraciones que tocaban en cada momento. Luego me dijo que el pequeño libro tan solo contaba con las oraciones que se hacían a las 21:15 horas, Completas.

Horario

No me enteré muy bien, pues todo era nuevo para mí, y entonces le dije al hermano que si podía asistir a las oraciones permaneciendo en silencio. Él me dijo que si, que sin problemas, e incluso agradecería que las primeras veces no intentara orar en voz alta, ya que me equivocaría e interrumpiría las suyas. Yo le dije que bien, que perfecto, entonces el hermano me llevó a enseñarme como llegar a la capilla donde rezaban algunas veces y a la iglesia, donde oraban otras veces. Para ello caminamos por el pasillo de las habitaciones, que iba paralelo a la panda sur y bajando unas escaleras me enseño la entrada a la iglesia, al entrar el hermano hospedero se inclinó ante el altar. Momento “tenso”. ¿Que debía hacer yo?, me inclinaba?, no me inclinaba?, acababa de llegar por primera vez a un monasterio, había confesado al hermano que no estaba muy puesto en estas cosas. Opte por esperar a que él volviera a la posición normal y salimos de la iglesia para volver a subir por las escaleras.


Panda sur

Pasillo habitaciones

Entonces pasamos por una puerta que estaba al final de la panda sur y se comunicaba con la panda este, en dicha puerta ponía “Clausura”, entramos y en la tercera puerta a la izquierda me enseñó la capilla donde también rezaban. Me indicó que en aquella zona debería guardar silencio absoluto y que no debería pasar de la tercera puerta, literalmente me dijo, en tono jocoso: “A este pasillo tan solo debes acceder para venir a la capilla, si pasas de la tercera puerta te soltamos los perros!”, fue gracioso la verdad, el hermano hospedero me transmitía cordialidad y confianza, lo que yo en otro momento hubiera definido con “buen rollo”.

Después me enseñó la biblioteca, y bajando otra vez por el ascensor y atravesando la panda inicial de la entrada (panda oeste de la planta baja), donde estaban los frescos del Cid, me enseño el comedor. Una vez ahí me indicó que la comida se servía puntualmente que debería compartir mesa con los otros comensales, en el caso de que los hubiera. Pregunté y me dijo que ese día, sábado, comería solo, que luego por la tarde vendría alguien más. Fue entonces cuando le pregunté si podía saber su nombre, me dijo que se llamaba José Luis.

Biblioteca

José Luis, era un chico joven, de entre unos 32 y 38 años, alto, de 185 a 195, con gafas, moreno de pelo. Una persona muy amable, simpática, formal y muy observador. Me cayo muy bien el “hermano hospedero”.

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septiembre 24, 2009 Etiquetas:   Leer más

2 Respuestas to “Salida de Murcia y llegada al monasterio”

  1. CARMEN LAFUENTE dice:

    Javi, muy bien documentada y explicada la historia de tu paso por Madrid y la posterior estancia en el Monasterio.
    Añadir lo bien que lo pasamos con Jorge y Cristina, una pareja con la que compartirmos una agradable conversación de temas variados incluido el fotográfíco, la cena en el restaurante “económico” de sorprendentes y sabrosos platos y la despedida casi a altas horas de la noche.
    Sentí no despedirme de tí pero hijo !! que madrugón ¡¡.
    Por las fotos y descripción del Monasterio observo que merece la pena pasar unos días allí ,es una experiencia nueva y enriquecedora, estas vivencias no te las habría dado un hotel convencional.
    Bueno ahora a la espera del viaje a Huelva, espero que nadie tenga problemas con las fechas pues parecen unos días muy adecuados.
    Un abrazo
    Carmen

  2. Juanra dice:

    Un Buen relato, posiblemente algo corto, pero ameno e interesante. Esperaremos a que haya más. Un abrazo.

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